Innovación y transformación hoy

Cómo la tecnología está cambiando las empresas, las personas y la sociedad

Hola soy Enrique Titos, he creado los Consejos Asesores de Innovación Abierta en las empresas. Escribo sobre el cambio, como está ocurriendo y de qué forma empresas, personas y sociedad lo están afrontando.

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Big (good) data


¿No es justo que alguien que se cuide pague menos por su seguro de salud o de vida? ¿Y que a una persona con unas probabilidades superiores de devolución de su deuda se le cargue un menor tipo de interés? ¿Y qué opinaría si recibiera menos publicidad o, al menos, mucho más vinculada a sus intereses? ¿Y si le pudieran planificar una dieta, unas vacaciones o una cartera de activos financieros que se ajustasen perfectamente a sus intereses, personalidad, hábitos de vida y circunstancias personales? Creo que la respuesta es sí: lo quiero, me apunto. Las empresas lo saben y llevan años intentando conocer lo mejor posible a sus clientes (primera lección de cualquier curso de marketing: "conoce a tu cliente"). Y estos, aunque lo niegan, en ocasiones (muchas) prefieren no perder tiempo y que lo que se les ofrezca sea el producto o servicio que se ajuste a lo que están buscando y a lo que más les conviene (es una sensación que yo tengo cada vez que voy a comprar ropa, por cierto).


Y en esta situación, llega el big dataque, como toda innovación tecnológica, genera un debate sobre si es PSI, es decir, si garantiza la Privacidad, es Segura y fomenta la Integración. Enrique Titos ya arrancaba el debate aquí y el libro de la abogada Paloma Llaneza aporta interesantes puntos de vista para debatir sobre ello. “En Datanomics hay datos, sólo datos, de cómo se recaba y se usa nuestra información personal, de cuáles han sido las consecuencias indeseables de estos datos… y cómo hemos mutado hacia una fe casi religiosa en que los datos son la solución y no el problema. Queda claro cuál es el sesgo del libro. Y no digo que no tenga razón; y tampoco que no se hayan producido abusos y aprovechamientos ilícitos, pero veo el vaso medio lleno y creo que el big data es una innovación tecnológica que sirve para avanzar y para hacer una sociedad más justa. Ello sin menoscabo de que deba existir, y se garantice, el “derecho a volar por debajo del radar”, así como la seguridad de los datos. Y, para eso, es necesario que se intensifique la regulación sobre cómo se recaban y usan los datos, así como quién los usa. Y, por qué no, que se remunere a quienes los aportan de forma consciente o inconsciente (y, sobre todo, que nadie no sea consciente).




Nuestra identidad digital es más completa, rugosa y precisa que el yo que creemos que somos. Incluye todos aquellos elementos de nuestro carácter que, aunque deseemos no tenerlos, existen. En el mundo de los datos, somos más nuestros dobles digitales que nosotros mismos”. Es decir, alguien nos conoce mejor que nosotros mismos. ¿Y acaso esto no puede ser positivo para ayudarnos, para ofrecernos lo que más nos conviene, para evitar perder el tiempo?


No estamos lejos de valorar si vale la pena gastar recursos públicos en niños que prevemos que no van a ser brillantes en los estudios” lo reinterpreto como “no estamos lejos de evitar a algunos niños el martirio de tener que estudiar una carrera universitaria, sobre todo si se han equivocado eligiéndola, y de enseñarles la profesión para la que están más capacitados, aquella que desarrollando serán más felices”.


¿Y si podemos dejar de enviar o analizar CV de dos hojas gracias a que contamos con un big data en condiciones?


Los prejuicios y las injusticias no han venido ni de los datos ni de los algoritmos”. No puedo estar más de acuerdo. Y, es más, lo que puede conseguir el big data es que la discriminación se realice de forma menos subjetiva y más fiable… o que incluso no caigamos en ella porque estaba basada en “conclusiones” equivocadas. Advierte la autora de que, en ocasiones, “no se busca causalidad sino correlación”, pero este es uno de los errores más frecuentes de quienes tratan de sacar conclusiones sin conocer correctamente las bases de la estadística inferencial. No es un problema del big data (los buenos data scientist no caen en este error), sino de los modelos utilizados, o de la propia intención de modelizarlo todo, cuando hay muchas cosas que no son modelizables, por más que tengamos una infinidad de datos. Los mercados financieros, por ejemplo. ¿Habríamos sido capaces de predecir el momento del estallido de la Gran Recesión de 2008-2009 si entonces hubiéramos tenido big data? ¿Y las intensas caídas de las cotizaciones como la observada en la parte final de 2018? Los “Errores tipo I” (rechazar hipótesis verdaderas) y los “Errores Tipo II” (aceptar hipótesis falsas) seguirán produciéndose, pero con menos probabilidad gracias al big data.


La cadena de valor del dato



Fuente: Elaboración propiahttps://elalcazardelasideas.blogspot.com/2018/05/la-cadena-de-valor-del-dato.html
El campo de la medicina es uno de los que más recurren a la estimación a partir del muestreo. Pues bien, el big datano hace más que alimentar este muestreo de forma más nutrida, de aplicarlo vía inteligencia artificial para salvar vidas. ¿Le gustaría que el médico pudiera diagnosticarle en tiempo real? ¿Y el psicólogo? ¿Le asusta el “internet de los sentidos”? La próxima aplicación será hacer posible el análisis de los sentimientos en tiempo real a partir de datos como la temperatura corporal, el seguimiento ocular o los niveles de glucosa en sangre (aunque debo reconocer que esto sí da algo de miedo…).
La cadena de valor del dato

Fuente: Elaboración propia



Con lo que estoy muy de acuerdo es con la crítica que se hace a las redes sociales y la sensación de que seamos “tristes perros de Pàvlov conectados” buscando la recompensa vía like, retuit o nuevos seguidores. “Las redes sociales están llenas de recompensas impredecibles que captan, de manera permanente, la atención de sus usuarios, creando en ellos una rutina que obliga a verificar sus pantallas de forma habitual porque nunca saben cuándo ni cómo se va a producir la recompensa. El uso de las redes sociales provoca un aumento de la tristeza y el potencial de tener un impacto psicológico en los usuarios”. “Y si uno osa desconectarse, el servicio o la aplicación se encargará de mandar mensajes, ofertas o recompensas para llamar la atención del usuario y atraerlo de nuevo al servicio”. “Los mecanismos pull-to-refresh[1] o infinite scrolling de cualquier red social son desconcertantemente similares a una máquina tragaperras: cada vez que se desliza hacia abajo, no sabes lo que viene después. A veces es una hermosa foto. A veces es sólo un anuncio (Tristan Harris)”. “Cuando cambiamos nuestra foto de perfil Facebook sabe que es un momento en el que somos vulnerables a la aprobación social y lo coloca más arriba en el feed y por más tiempo, para que el usuario se sienta recompensado y reconfortado en su pertenencia a la comunidad de Facebook”. “Si alguien me sigue, ¿cómo no voy a seguirle?”. “Cuando uno recibe una invitación de alguien para conectarse, imagina que esa persona ha tomado una decisión consciente, cuando en realidad es probable que respondan inconscientemente a la lista de contactos sugeridos por la red social. En otras palabras, LinkedIn convierte nuestros impulsos inconscientes (para ‘agregar a una persona’) en nuevas obligaciones sociales que millones de personas se sienten obligadas a pagar”. “Si cuantificásemos el tiempo que empleamos en la labor de consultar y contestar mensajes irrelevantes o que podrían ser contestados al final del día, nos sorprenderíamos de los millones de horas de trabajo y de descanso que se pierden, con el impacto negativo en la productividad y la salud de todos nosotros”. Supongo que lleva asintiendo desde que comenzó el entrecomillado. El capítulo 6 (Adiction by design) debería ser de obligatoria lectura para cualquier usuario de redes sociales.
Una última reflexión, para la que pido ayuda a los expertos en big data: ¿puede alguien decirme cuántas veces aparecen las palabras “EEUU”, “China” y “Europa” en este libro? Me atrevo a apostar a que la frecuencia de “China” no es muy diferente a la de “EEUU” y superior cuando hablamos del futuro. A costa, claro, de la palabra “Europa”, muy poco presente. Este es un dato tremendo.
No creo que yo sea “dataísta”, pero sí me quedo con sus beneficios, por los cuales estoy dispuesto a pagar los costes que comporta. Pero esta es mi opinión. Lo importante es saber la de la autora, mucho más versada que yo y que aporta información muy relevante, y de una manera muy directa y amena. Un libro muy recomendable para tener criterio con el que debatir: ¿big data sí o no?





[1] Diseñado por Loren Brichter. https://en.wikipedia.org/wiki/Loren_Brichter


Nuestra relación con las máquinas: cada vez más fuera de nuestro control

Hace tiempo que llevo pensando sobre cómo interactuamos con las máquinas o dispositivos cada vez más presentes en la vida diaria en cualquier ámbito, sea personal, profesional o social, y cómo estamos abocados a un cambio cuyas consecuencias más inmediatas son evidentes: vamos a dar aún más datos y los datos van a generar cada vez más acciones al margen de nuestra propia acción consciente.

"Es un debate entre la conveniencia que aportan las herramientas digitales y la pérdida de privacidad que implica su uso."

Cronológicamente:

  • La comunicación entre seres humanos empezó con gruñidos y gestos en la época pre-sapiens.

  • Posteriormente, el lenguaje oral fue sofisticándose dando paso a una comunicación más fluida. Con ello empezamos a enriquecer nuestra comprensión del mundo incorporando abstracciones cada vez más complejas.

  • La llegada de la escritura abunda en ese proceso, y empezamos a usar las manos como elementos de expresión para plasmar nuestro pensamiento y crear "instrucciones" para otros. Creamos distintas expresiones artísticas como la pintura, la escultura o distintos objetos que nos rodean. Se expande el conocimiento y las relaciones.

  • Llega la época industrial y usamos cada vez más mecanismos e ingenios que funcionan por la acción de nuestras manos.

  • Se inventa la máquina de escribir, que con pocos cambios evoluciona hacia el teclado del ordenador, que se convierte en primer periférico de entrada de datos y de ahí pasamos a portátiles, tabletas o teléfonos inteligentes.

Hoy estamos en la época del teclado

Máquina de escribir, teclado Microsoft, teclado Nokia, teclado iPhone




A partir del momento tres, hay un denominador común: nosotros introducimos la información cuando queremos y lo hacemos a través de esas extensiones de nuestros brazos que ninguna otra especie animal ha desarrollado tan efectivamente como la humana, con la excepción de los robots en procesos industriales. El famoso teclado Qwerty poco ha cambiado desde que Sholes lo inventó en 1863.

Ahora estamos dando un salto cuántico con la incorporación de asistentes de voz y tecnologías de reconocimiento facial (cara, voz, retina e iris en ojos, manera de andar, pisada, huella dactilar), que hacen "más natural" la conexión del hombre con la máquina. Es posible que cada vez nos comuniquemos más por voz, imagen y "huellas" de nuestra vida normal (dejo la comunicación por mente para las películas de ciencia ficción, de momento).

Y ahí entra el artículo que adjunto, donde Enrique Dans aporta una reflexión sobre el estado de la cuestión en el debate entre conveniencia y privacidad ante la creciente aplicación y las reacciones institucionales ante las técnicas de reconocimiento facial. Pero lo mismo aplica a los asistentes de voz que las grandes tecnológicas están desarrollando (Alexa en Amazon, Google Asistant en Google, Siri en Apple), ya que están en permanente modo de escucha hasta que el usuario conscientemente habla con ellos. Yo lo complemento con la llegada del Internet de las Cosas (IoT), que va a generar cada vez más acciones programadas por algoritmos o inteligencia artificial, al margen de nuestra acción consciente.



"Este es un debate que no ha hecho más que empezar."



Cambio de época o época de cambios: el Gatopardo




“El Gatopardo” es considerado una de los relatos literarios clave del siglo XX, una de las obras maestras de la literatura italiana, escrita por Giuseppe Tomasi di Lampedusa y acabo de leer en reciente edición por Anagrama, llevada al cine por Luchino Visconti con Burt Lancaster, Alain Delon y Claudia Cardinale.


"El Gatopardo" (leopardo jaspeado en italiano) es el emblema escudo del príncipe de Salina, líder de una familia nobiliaria de Sicilia en 1860, en la fecha en la que se produce la llegada de Garibaldi, que apoyó al Rey Victorio Enmanuel de la casa de Saboya y cambió el orden borbónico imperante donde Italia era un conjunto de reinos bajo el control de Francia y Austria. Fue el comienzo de la Reppublica Italiana como hoy la conocemos.


"El Gatopardo" es una metáfora del cambio, en este caso, el paso de un sistema casi feudal a una democracia parlamentaria, la emergencia de un pensamiento liberal y de una clase social media que va escalando en el poder económico y político. "El Gatopardo" refleja las reacciones de rechazo y aceptación de las aristocracias históricas ante su propia destrucción creativa.

Como lacónicamente dice el príncipe de Salina en un fragmento, “los sicilianos llevamos 25 siglos de invasiones de distintos pueblos, nunca hemos decidido nada por nosotros, una vez más hemos de adaptarnos a lo nuevo. Hay que cambiar todo para que nada cambie.”


El “gatopardismo” se ha convertido en un principio que permea hoy, ya que en general se refiere a la actitud ante el cambio.



Lo vemos reflejado en los cambios en el panorama político, en los cambios en las empresas ante nuevos paradigmas económicos y tecnológicos, y en las propias personas, que hemos de adaptarnos a los cambios derivados de la globalización, del impacto de las nuevas tecnologías en el mercado laboral, las nuevas necesidades de formación dentro de marcos políticos que dan respuesta de forma desigual precisamente a los nuevos retos que se plantean a los ciudadanos.
En política vivimos una etapa donde los partidos tradicionales, conservadores o liberales, de derechas o izquierdas, socialistas o tradicionalistas, ven la necesidad de incorporar en su mensaje nuevas necesidades que capturan partidos populistas que en muchos casos no tienen el poder. Llamadas contra la inmigración, mantenimiento de valores y cultura, proteccionismo, una especie de “nosotros somos los primeros”.
Los partidos tradicionalmente hegemónicos responden con corrientes internas que más o menos van incluyendo en sus catálogos las demandas de los nuevos partidos. Hay una pugna de identidad clave donde los partidos han de enfrentarse a la diatriba de bien mantener postulados (a veces a costa de perder votantes) o cambiar (buscando nuevos caladeros). Hay políticos que admiten que su tiempo pasó, y hay políticos que son un ejemplo de un adaptativo funambulismo de sus valores. El “gatopardismo político” como parábola de la actitud frente al cambio es por tanto uno de los retos de los políticos ante un cambio de la escena.
En el mundo de la empresa se vive un cambio con una velocidad sin precedentes, producto de la globalización y los avances tecnológicos. Como consecuencia de ello han surgido nuevos modelos de negocio que han dado lugar a nuevas compañías, muchas de ellas dominantes a través de su maestría en nuevas tecnologías. Han surgido millares de nuevas empresas en todo el mundo, al calor del coste descendiente para lanzar nuevos negocios precisamente por la disponibilidad de nuevas tecnologías de coste marginal decreciente. Y sobre todo han surgido por la explosión de la incorporación de usuarios individuales a las nuevas tecnologías a través de dispositivos móviles. Ello ha determinado una nueva independencia y una mayor exigencia por parte de los consumidores respecto de sus proveedores habituales. Llevado a la política, podríamos decir que los votantes nos encontramos ahora con nuevas herramientas u opciones que no usan los partidos tradicionales.
El “gatopardismo empresarial” es el reto ante estos cambios de las empresas tradicionales y su respuesta. Muchas son dominadores aún en sus sectores, en sus mercados, o en sus productos y servicios. Pero todas se encuentran con la realidad de nuevos competidores, nuevas formas de hacer las cosas, y unos clientes que son cada vez más volátiles y cambiantes.
Cómo cambiar la cultura sin cambiar la esencia, como apalancarse en las fortalezas para atacar las debilidades, como rejuvenecer la relación con su clientes, como crecer en el mundo globalizado, como atraer y retener talento e inversión son algunos de los principales retos. “Como cambiar para que nada cambie”.
Pero aun va más lejos: como cambiar el modelo de negocio “para no sólo usar la tecnología para hacer caballos más rápidos”, como dijo John Ford cuando construyo la cadena de montaje para el mítico Ford T. Kodak no entendió la llegada de las fotos digitales y se concentró en perfeccionar la química de sus películas fotográficas, de la misma forma que Blockbuster no comprendió la llegada de las películas en streaming frente a las películas grabadas en soporte físico o DVDs.
Si el reto del “gatopardismo empresarial” es la continuación de la empresa, ésta deberá entender y ejecutar los nuevos cambios necesarios en su modelo de negocio. De no ser así, perderá sus clientes, sus accionistas perderán su inversión y sus empleados perderán su trabajo. Las nuevas empresas, sean startups o grandes corporaciones tecnológicas (llamados GAFA) tomarán la alternativa ante el cambio de régimen.
El “gatopardismo de las personas” es nuestra actitud ante el cambio, un cambio que nunca cesa pero que se ha acelerado en todos los frentes de nuestra vida. Aquí me quiero referir a la perdida de certezas respecto de ciertas asunciones que están en riesgo, y se refieren a la relación entre persona y trabajo. Se ha dicho sobre todo en el siglo XX que el trabajo dignifica a la persona. Se tiene dignidad cuando se trabaja, se tiene un propósito que nos hace ser parte de la comunidad. Contribuimos con nuestro trabajo a la creación de riqueza y a la solidaridad con nuestros impuestos. Sin trabajo no hay dignidad. Sí? Sobre todo, sin trabajo no hay ingresos, y sin ingresos no hay participación en la vida económica ni social porque nadie, ni los estados pueden garantizar el nivel de vida. La mejora del nivel de vida siempre proviene del esfuerzo de las personas, y es mucho más efectivo cuando se dan las adecuadas condiciones institucionales.
El “gatopardismo de las personas” se enfrenta hoy su mayor reto porque sabemos que lo que estudiamos o en lo que trabajamos no es garantía de continuidad si no nos renovamos continuamente, que aún así el trabajo por cuenta ajena no será una opción para todos, que el coste marginalmente decreciente de las tecnologías va a reducir el coste de la mayoría de los salarios, o que tecnologías como la IA van a sustituir a millones de trabajadores actuales en todo el mundo.
Si las personas queremos tener éxito hemos de reconocer nuestra necesidad de cambio, y es posible que no sea suficiente por la aceleración del mismo. Como dice Andrés Oppenheimer en su libro “Salvese quien pueda”, es cada vez más evidente que existirá un desempleo tecnológico antes de que nuevos trabajos de futuro que hoy no conocemos se conviertan en realidad que afecte a capas amplias de la población. Los otrora tecno-optimistas como Peter Diamandis de la Singularity University ya admiten que existirá un período de adaptación difícil. Tecno-pesimistas como Martin Ford en su "Auge de los robots" siempre tuvo claro esa dificultad. Otros tecno-optimismas están seguros de las nuevas tecnologías llevarán a una reducción del coste de la vida para las personas (por ejemplo, casas más baratas, energía más barata, …). Cada vez hay más consenso, o menos oposición al hecho que de que será necesaria algún tipo de subvención a la vida (Universal Basic Income) y se discute si debería ser universal, o condicionada a ciertos comportamientos. Sobre cómo se financia, algunos como Bill Gates abogan por impuestos a los robots.
Aunque la historia del ser humano es un confrontamiento continuo con la evolución, nunca nos ha gustado el cambio y, sobre todo, nos importa el cambio durante nuestro horizonte vital. Como dice el príncipe de Salina en conversación filosófica con su sacerdote, “me interesa lo de mis hijos, hasta lo de mis nietos, pero no más allá. La Iglesia que es imperecedera ha de preocuparse por horizontes a más largo plazo”.

Libra, by Facebook



Aún es pronto para tener una opinión sólida sobre el proyecto Libra by Facebook, pero es sin duda el intento más potente para lanzar una criptomoneda desde el propio Bitcoin.

Pero Libra sólo se parece a Bitcoin en el uso de infraestructura blockchain y su potencial desintermediador del sistema financiero e incluso de los estados es mucho mayor.

Bitcoin, con su tremenda volatilidad desde el comienzo, no se ha consolidado como medio de pago ni como fuente de valor - si convertimos moneda "fiat" o normal en bitcoins su valor oscilará de forma incontrolada e impredecible, no estando sometida a fuerzas de mercado que podamos comprender. Bitcoin se apoya en una infraestructura "permisionless" de blockchain que permite una validación totalmente descentralizada de las transacciones.


Libra by Facebook es un proyecto de dinero digital global que supuestamente correrá en apps de terceros, pero sobre todo beneficiará las infraestructuras de redes de los productos de Facebook (entre ellos Whatsapp, Instagram y Facebook Messenger) que con más de 2.300 millones de usuarios permitirán un auténtico dinero global, no sólo para la población que tiene móviles y no tiene tarjetas de crédito y cuentas bancarias, sino para todo el mundo.


En una parte, trata de copiar las funcionalidades de pago digital que WeChat (Tencent) ha construido con tanto éxito en China, que por cierto no corre sobre una blockchain. Todo un reto a los competidores occidentales Apple Pay, Google Pay, Amazon Pay. Según la propia página web de Libra, el objetivo de esta nueva criptomoneda es permitir "enviar, recibir, gastar y mantener seguro su dinero" en su monedero digital Calibra, que supuestamente no compartirá datos con el resto de plataformas de Facebook. Habrá que aclarar bien el alcance de estas actividades porque estamos entrando en el corazón de la actividad de la banca tal y como la conocemos. Calibra tendrá que pasar los más altos controles reguladores de verificación de identidad y antiblanqueo pero tiene todos los ingredientes para ser un monedero digital global.


Libra será una stablecoin, y su valor se ligará a un "basket" de monedas de reserva, entre las cuales estarán las mayores del mundo y su cantidad en circulación se ligará a la masa monetaria. Fundamentalmente Libra implica dar una nueva experiencia de usuario al uso de monedas "fiat", hoy diseminadas en monedas independientes, distintas denominaciones, dinero físico y electrónico, y distintos medios de pago. Facebook pretende con Libra crear un ecosistema donde distintas plataformas tecnológicas sean el punto de interacción del cliente con su dinero.


Aunque Facebook no tendrá más de 1 voto o el 1% de los votos de la Asociación Libra (la cifra que sea mayor) y aunque ésta transitará desde un modelo "permissioned" (cerrado) al comienzo (los miembros de la asociación tendrán la opción de ser nodos validadores de la blockchain sobre la que correrá) a uno "permissionless" (abierto), en mi opinión Facebook quiere asegurarse ser el interfaz entre usuario y su actividad financiera una vez reconvertida a digital, que es donde reside el valor de las plataformas. Uno de los problemas de las criptomonedas como Bitcoin o Ether es que no tienen el apoyo de plataformas con la base de usuarios que tiene Facebook, que con 7 millones de anunciantes y 90 millones de pymes aparte de sus usuarios particulares son una base formidable para expandir Libra. El efecto "ecosistema" de Facebook puede ser tremendo.


De forma inteligente, Facebook quiere disminuir la percepción pública de control sobre Libra a través de la incorporación de los miembros de la Asociación Libra, al menos inicialmente un oligopolio privado que tratará de mediar entre los bancos centrales y los consumidores de servicios de pago. En esta primera fase, este grupo nos está pidiendo confianza como validadores de las transacciones. Técnicamente el modelo de validación privado o cerrado permitirá muchas más transacciones de forma simultánea que el modelo totalmente descentralizado o abierto, lo que desplaza a futuro la decisión entre eficiencia del modelo de validación limitada y la confianza del modelo de validación totalmente descentralizado, aunque la descentralización total parece ser uno de los principios fundacionales de Libra.


Es sorprendente el numero de empresas a nivel global que respaldan la iniciativa y que componen la Asociación Libra (hasta 28 entre las que están Visa, Mastercard, Uber, eBay) y que han invertido cada uno 10 millones de dólares a través de "investment tokens". Es una prueba de que algo saldrá de esta iniciativa aunque no sea lo que inicialmente están pensando los promotores de la misma. Este grupo piensa ampliarse en un número de hasta 100 cuando Libra se lance en 2020 y se acabarán convirtiendo en los auténticos promotores de Libra en un complejo entramado formado por inversores, usuarios de la nueva moneda Libra, "exchanges", "resellers" autorizados que serán los que permitan la distribución y cancelación de las Libras en el mercado de acuerdo con las normas de la Asociación Libra.


The Block


Se creará un nuevo mercado de servicios financieros programando en código abierto que de ir adelante hará palidecer a las iniciativas actuales de "open banking". La banca ahora tiene un motivo mayor de preocupación porque ya no sólo las Fintechs las que llaman al asalto de su modelo de negocio. Y la ambición de Facabook va mucho más allá de la expresada por las otras GAFAs.


Me llama la atención más las ausencias en el grupo promotor inicial: no hay bancos, y no hay plataformas chinas. Mi lectura es que la banca es el competidor a batir del nuevo sistema, y que Libra pretende ser inicialmente un dinero digital de alcance global que compita con las plataformas chinas, que son las más avanzadas en pagos digitales y que poco a poco van a pretender convertirse en globales.


Por esto creo que hay un antes y un después de Libra.


Los reguladores y supervisores financieros ya no pueden ver las criptomonedas como un tópico académico ni como un experimento pequeño para especuladores. Con toda su complejidad, no queda más remedio que abordar una acción clara para ratificar de alguna forma a Libra o para proponer alguna fórmula complementaria. Facebook tiene licencia para operar en 50 estados en EEUU como "money services business" (MBS) y ahora los reguladores deberán establecer si por ejemplo licencias existentes valen para cometidos de este alcance. Sólo dos días después del anuncio de Libra, el Banco de Inglaterra ha anunciado que empresas no bancarias podrán depositar dinero en el banco central, reconociendo el creciente papel central de nuevos actores frente al monopolio histórico de la banca. No obstante, el gobernador Mark Carney también ha avisado de que "innovaciones como Libra habrán de ser aprobadas antes de su lanzamiento" para no encontrarse con situaciones consumadas como el reto regulatorio que ahora presentan los modelos de plataforma tecnológica. El G7 ha creado inmediatamente un grupo dedicado a Libra y el FMI y el FSB también van a estudiarlo.


En particular, Libra se convierte en un reto más para la ya agobiada industria de servicios financieros, todavía hoy la infraestructura sobre la que discurre la vida financiera de sobre todo la mayoría de las personas en países occidentales y sobre la cual se ha construido todo el sistema de regulación y supervisión financiera moderno. Como escribí recientemente, el impacto de la digitalización afectará más a los modelos actuales de negocio de lo que suponemos y entender las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías (en este caso las blockchains o los DLTs) como una "capa" encima del modelo actual puede suponer un error estratégico a medio plazo.


En mi opinión, estamos en los albores de un escenario que puede afectar a los tres principios de actuación pública: protección del usuario financiero, mantenimiento de la competencia, y estabilidad del sistema financiero. Creo que estos principios siguen siendo innegociables y Libra o cualquier forma de dinero digital deberá adaptarse.


Libra by Facebook en principio aporta un cuarto principio: la inclusión financiera, extendiendo fenómenos de dinero digital como M-Pesa en Kenya. Pero con la enorme diferencia de que Libra al estar respaldado por monedas fuertes puede limitar la soberanía nacional de países con moneda débil. Tal y como se ha explicado hasta ahora Libra tiene un poder desintermediador difícil de exagerar.


Es el tiempo de los reguladores, ya que dado el carácter transnacional de Facebook y su enorme base de usuarios la propuesta de Libra es de impacto sistémico de ir adelante como se ha planteado. No sería de extrañar que se aceleren los planes de dinero digital seguro (Central Bank Digital Currencies o CBDC) como alternativa, aunque me temo que no son comparables. Las CBDC son una capa digital encima de las monedas fiat, mientras que Libra es un nuevo modelo de negocio.


Todo está abierto, pero el guante está en la mesa.


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Este artículo ha sido publicado originalmente en LinkedIn. Cualquier actualización del mismo aparecerá aquí

Algunos artículos sobre Libra:


https://hayderecho.expansion.com/2019/06/26/libra-la-moneda-digital-global-y-respaldada-stablecoin-una-aproximacion-critica-inicial/
https://hayderecho.expansion.com/2019/06/26/libra-la-moneda-digital-global-y-respaldada-stablecoin-una-aproximacion-critica-inicial-ii/
https://derechomercantilespana.blogspot.com/2019/06/dinero-de-facebook-la-nueva-libra.html
https://www.bloomberg.com/opinion/articles/2019-06-18/facebook-will-make-the-money-now
https://medium.com/mit-technology-review/how-facebooks-new-blockchain-might-revolutionize-our-digital-identities-fe835a955f93
https://www.imf.org/en/Publications/fintech-notes/Issues/2019/07/12/The-Rise-of-Digital-Money-47097







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